“Solo quiero devolver algo a mi comunidad”

La reintegración de personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional

Resumen

De niño, decían que no había nada bueno en mí. Decían que era incorregible. Demostré que estaban equivocados. Estoy orgulloso de ello.

—Tobias T., ex condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, puesto en libertad tras pasar 28 años en prisión

Aunque la cadena perpetua sin [libertad condicional] es algo terrible para quienes recibimos la condena, es mucho peor... que la sociedad llegue a la conclusión de que un ser humano no puede ser mejor de lo que fue en sus peores momentos.

—Kenneth H., ex condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, puesto en libertad tras pasar 38 años en prisión

Cuando Jarrett Harper fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en mayo de 2001, las últimas palabras del juez enmarcaron lo incomprensible. Recuerda al juez mirándole desde el estrado. Aunque era alto para su edad, sintió cómo se encogía ante las palabras del juez que le decía que era irredimible, que nunca caminaría libremente por la sociedad y que moriría en prisión.1 A decenas de miles de personas en Estados Unidos que han sido condenadas a prisión para el resto de su vida se les ha transmitido un mensaje similar: estás más allá de la redención, destrozado sin remedio y la sociedad está mejor sin ti.

Pero el juez se equivocó con Jarrett. Aunque había cometido un asesinato, no era irredimible. Aunque no tenía esperanzas de salir en libertad, se sintió consumido por el remordimiento y transformó su vida. Se convirtió en un líder dentro de la prisión, dedicándose a ayudar a los hombres que le rodeaban a desarrollar su bondad y convertirse en futuros contribuyentes.

Entonces ocurrió lo inesperado. A través de una insólita conmutación del gobernador, Jarrett regresó a la sociedad, y lo que está haciendo con esta segunda oportunidad que le brinda la vida desafía todas las nociones de cadena perpetua sin libertad condicional (LWOP, por sus siglas en inglés) como una sentencia para las personas irredimibles. Desde que fue liberado en 2019 tras cumplir 20 años en prisión, Jarrett ha pasado a trabajar para un grupo de impacto social como defensor del sistema legal penal y de la reforma del cuidado de acogida. También es padre primerizo, miembro activo de su iglesia y mentor de jóvenes de la comunidad.

Y no es el único.

En los últimos años, menos del 4 % de las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en California han sido puestas en libertad debido a cambios en las leyes estatales y en el poder ejecutivo. En el momento en que comenzó la investigación, solo había 143 personas que se ajustaran a esta descripción. Este informe se centra en la histórica liberación de estas personas y examina las contribuciones positivas que han hecho con sus segundas oportunidades en la vida.

Utilizando datos estadísticos del Departamento de Instituciones Penitenciarias y Rehabilitación de California y datos cualitativos de una serie de entrevistas realizadas a personas anteriormente condenadas a LWOP en el estado de California, este informe arroja luz sobre el impacto positivo que estas personas pueden tener en la sociedad. Cabe destacar que las entrevistas se realizaron a 110 de los 143 individuos que habían sido puestos en libertad, lo que representa aproximadamente el 77 % de la población total. Esta amplia muestra refuerza la investigación empírica que sugiere que las sentencias de LWOP son innecesarias cuando se trata de promover la seguridad pública. Además, sostiene que las sentencias de LWOP son contraproducentes para la seguridad pública porque privan a las comunidades de las contribuciones únicas y valiosas que pueden hacer las personas condenadas a esta pena.

Jarrett H.

La infancia de Jarrett estuvo marcada por años de abusos físicos, mentales y sexuales. Al mirar atrás en su vida, siente que los abusos comenzaron incluso antes de que naciera. Su madre, que carecía de acceso a un apoyo adecuado y a servicios de salud mental, fue violada en múltiples ocasiones, incluso estando ingresada en un hospital psiquiátrico. Fue entonces cuando Jarrett fue concebido.

Cuando fue colocado en una familia de acogida a los 17 meses, sufrió abusos sexuales por primera vez a los seis años. Pasaba hambre, recibía palizas y, conforme lo iban pasando de un hogar de acogida a otro, se convirtió en un fugitivo. Cuando fue encarcelado, ya de adolescente, había pasado por 48 hogares de acogida distintos.

Portrait of Jarrett H. standing in front of a window

Un vecino que ayudaba a los niños a arreglar sus bicicletas acogió a Jarrett bajo su protección. Se convirtió en una figura paterna sustituta. Pero incluso esa relación se volvió abusiva, y el hombre en el que Jarrett había llegado a confiar empezó a abusar sexualmente de él. Los primeros actos de bondad se convirtieron en años de abusos sexuales. Cuando Jarrett cumplió 13 años, los abusos terminaron, pero poco después el hombre empezó a abusar sexualmente del hermano pequeño de Jarrett, que también estaba en régimen de acogida.

Años de abusos y abandono se convirtieron en ira. “Estaba rabioso. Me convertí en un niño destructivo y violento”, recuerda Jarrett. “Rompía cosas para liberar la ira y la frustración que residían en mi interior”.

A los 16 años, la ira y la violencia alcanzaron su punto álgido. Mató al hombre que había abusado de él y de su hermano pequeño. Jarrett fue procesado como adulto y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional más diez años. Recuerda que el juez le dijo que era irredimible, que nunca caminaría libremente por la sociedad y que moriría en la cárcel.

Pero Jarrett decidió no permitir que una cadena perpetua le definiera. “Sabía que yo era algo más que mi peor acto. Sabía que tenía que hacer algo más que simplemente existir dentro de la cárcel, así que trabajé en mí mismo”. Gracias a los grupos de autoayuda y a la transformación espiritual, empezó a comprender de dónde procedían su ira, confusión y violencia. Se dio cuenta de que el trauma que había sufrido de niño moldeaba su comportamiento de un modo que entonces no podía comprender del todo. “Me perdoné a mí mismo y luego trabajé para averiguar por qué estaba tan enfadado”.

Y entonces, empezó a ayudar a los demás. “Tenía que hacer algo más que curarme. Tenía que ayudar a la gente”. Dirigió sus esfuerzos hacia el aprendizaje, la lectura de libros y el diseño de programas en prisión para ayudar a los hombres de su entorno que acabarían recuperando la libertad. Creó un grupo de autoayuda para hombres encarcelados que habían sufrido abusos sexuales de niños. “Quería que mi legado fuera algo más que un joven de acogida irredimible”. Cuando le conmutaron la pena y salió en libertad condicional, abandonó la cárcel con la intención de crear un cambio positivo en el mundo. Y eso es precisamente lo que ha hecho. “Volví a casa y me convertí en mentor. Me convertí en defensor”. Jarrett es voluntario habitual de Vista Del Mar Child and Family Services, donde ejerce de mentor de jóvenes en régimen de acogida implicados en el sistema jurídico penal. También es el fundador de Better Days, una organización dedicada a acabar con el canal que va del acogimiento familiar a la cárcel.

Antecedentes

El aumento de la LWOP

En los últimos 30 años, el uso de la cadena perpetua sin libertad condicional en Estados Unidos ha aumentado exponencialmente.2 Entre 1992 y 2021, el número de personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en EE.UU. pasó de 12.453 a 55.945, un asombroso aumento del 350 %.3 Aunque la LWOP ha sido una característica del sistema penal estadounidense durante más de un siglo, el aumento masivo de su uso es un fenómeno reciente.4

El significado de la sentencia también ha cambiado drásticamente con el tiempo. La cadena perpetua sin libertad condicional es el castigo más severo posible, a excepción de la pena de muerte. Para algunas de las personas que la experimentan, puede parecer incluso más dura que la pena de muerte, como se refleja en las caracterizaciones de la sentencia como “pena de muerte lenta” o “muerte a cámara lenta”.5 Como señaló uno de los entrevistados: “La pena de muerte es una sentencia de muerte. No vamos a la cámara de gas ni a la silla eléctrica. El tiempo es nuestro verdugo, y es peor que estar en el corredor de la muerte porque te deterioras, ya sea porque pierdes la cabeza o enfermas”.6

Sin embargo, la sentencia no se concibió originalmente como una muerte a cámara lenta. Por el contrario, durante la mayor parte del siglo XX, las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en EE.UU. mantenían una posibilidad razonable de ser puestas en libertad.7 En otras palabras, la cadena perpetua sin libertad condicional se parecía más a lo que actualmente se conoce como “cadena perpetua con libertad condicional”. La condena empezó a cambiar en las décadas de 1970 y 1980, cuando los legisladores estatales y federales adoptaron leyes de “mano dura contra la delincuencia” que impulsaron la era del encarcelamiento masivo.8 Esta expansión punitiva de la pena -en escala y alcance- es una anomalía histórica.

El uso generalizado y la evolución de la pena también han convertido a EE.UU. en un caso atípico a escala internacional. Las condenas a cadena perpetua sin libertad condicional son prácticamente desconocidas en el resto del mundo, y EE.UU. alberga el escandaloso 83 % de los presos del mundo condenados a cadena perpetua sin libertad condicional.9 Además, haciendo caso omiso de las normas internacionales de derechos humanos, EE.UU. es el único país que impone esta pena a menores de 18 años.10

Criminólogos y sociólogos han analizado las condenas a cadena perpetua y han descubierto diversos perjuicios, consecuencias imprevistas y arbitrariedades en su aplicación. Agrava las injusticias raciales, genera cargas financieras insostenibles para el sistema de justicia penal y no tiene en cuenta el “envejecimiento” de la conducta delictiva.11 A pesar de estas críticas, el uso de la sentencia ha seguido disparándose.12

Gabby S. fue condenada a cadena perpetua sin libertad condicional. Tras más de 20 años en prisión, el gobernador de California conmutó su pena. Obtuvo la libertad mediante una audiencia de libertad condicional y fue deportada a México. Ensenada, México. © 2022 Ariana Drehsler © 2022 Ariana Drehsler

Allen B. pasó 28 años en prisión con cadena perpetua sin libertad condicional. El gobernador conmutó su pena y Allen salió en libertad condicional. Desde su puesta en libertad, se licenció en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles y ahora cursa un máster. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Jawad J. sostiene a su hija, Assiyah, junto a su pareja, Aaliah H. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Kelly S. consiguió que el gobernador conmutara su pena de cadena perpetua sin libertad condicional y posteriormente obtuvo la libertad condicional en una audiencia ante la junta. Ahora, de vuelta en casa, trabaja como voluntaria en la organización Women Against Rape, y atiende las llamadas que llegan a la línea directa del grupo. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Argumentos utilizados en apoyo de las sentencias de LWOP

Los argumentos a favor de las sentencias de cadena perpetua sin libertad condicional tienden a caer en una de estas tres categorías: la cadena perpetua sin libertad condicional como medio de retribución, disuasión o incapacitación.

El marco retributivo se centra en el pasado, argumentando que las personas deben ser castigadas y sufrir por el daño que han causado sin tener en cuenta si siguen suponiendo un riesgo para otra persona o para la sociedad. Es una filosofía de “ojo por ojo” o “toma una vida, pierde tu vida”.

Por otro lado, los argumentos de la incapacitación o la disuasión son más prospectivos y se centran en prevenir daños futuros. Quienes defienden la incapacitación creen que la LWOP protege al público al garantizar que un individuo concreto no volverá a hacer daño, mientras que la teoría de la disuasión sugiere que, debido a la severidad de la sentencia, la LWOP puede disuadir a otros de cometer delitos similares.

De estos tres argumentos a favor de la LWOP, el argumento de la incapacitación puede ser el más aceptado. Algunos investigadores concluyen que, “sin lugar a duda, el principal argumento a favor de la LWOP es la protección que ofrece a la sociedad frente a delincuentes peligrosos. Su principal atractivo es que garantiza que los delincuentes quedarán permanentemente incapacitados.”13

Mientras que los argumentos retributivos son en gran medida filosóficos y no pueden probarse ni refutarse, los argumentos de incapacitación y disuasión pueden evaluarse empíricamente. Por ejemplo, las tasas de reincidencia extremadamente bajas entre las personas condenadas a cadena perpetua por asesinato sugieren que estos individuos no suponen una amenaza significativa para la sociedad.14 Además, la mayoría de las pruebas sugieren que los castigos más severos no tienen un mayor efecto disuasorio.15

Los relatos detallados de las personas condenadas a cadena perpetua que se exponen en este informe complementan un conjunto cada vez mayor de pruebas que sugieren que la condena a cadena perpetua es una herramienta ineficaz e incluso perjudicial para la reducción de la delincuencia. Los datos sobre reincidencia de estas personas en California, junto con las entrevistas en las que se explora cómo viven su vida cotidiana, demuestran que no solo son personas seguras para la comunidad, sino que están contribuyendo de forma importante y positiva.

Troy S. trabaja para Urban Alchemy, una organización sin fines de lucro que sirve a las comunidades que se encuentran en la intersección de la pobreza, la adicción y la falta de vivienda. Se centra en la ayuda a la comunidad entablando relaciones interpersonales con vecinos sin vivienda y realiza controles de bienestar, ayuda en la búsqueda de alojamiento, así como en la remisión de casos de salud mental.

“Mi objetivo es no ser la siguiente persona que pasa a su lado sin reconocerlos”, dice Troy. “Y lo que quiero decir con eso es que se les juzga, se les pasa por alto... y a veces se sienten desesperanzados e indefensos. Cuando me condenaron como menor, me encarcelaron a los 16 años y me metieron en prisión, también me sentí desesperanzado e impotente ante mi situación. Puede que no obtenga respuesta, pero voy a seguir siendo coherente... Y sencillamente me reúno con ellos donde están y les muestro amabilidad, amor, compasión y empatía. Porque me doy cuenta de que cuando los veo en esas carpas, podría haber sido yo, o podría estar a un sueldo de estar en esa situación”.

La LWOP en California

Más de 5.000 de los casi 56.000 hombres y mujeres condenados a cadena perpetua sin libertad condicional en EE.UU. se encuentran en California, el tercer estado con más condenas de todas las jurisdicciones estadounidenses.16 California fue uno de los primeros estados en imponer la LWOP para delitos no relacionados con el homicidio y, en los últimos años, el uso de la sentencia ha aumentado a un ritmo astronómico.17 Entre 2003 y 2016, los delitos categorizados como violentos en California disminuyeron en un 26 %, sin embargo, el número de personas condenadas a LWOP aumentó en más del 280 %.18 Las sorprendentes disparidades raciales también han sido ampliamente documentadas: por ejemplo, a pesar de representar solo el 5 % ciento de la población de California,19 el 35 % de las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en el estado son negras.20

Sin embargo, en los últimos 10 años, unas 200 personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en California han conseguido, de manera improbable, salir en libertad.21 Estas personas pertenecen a una de estas dos categorías: fueron condenadas por delitos cometidos cuando eran menores de 18 años o fueron condenadas por delitos cometidos cuando tenían 18 años o más.22

La primera categoría de personas -jóvenes que eran menores de 18 años en el momento de cometer sus delitos- se benefició de un cambio radical en la concienciación pública y la jurisprudencia sobre el desarrollo de los adolescentes. La legislación californiana, junto con las sentencias de los tribunales nacionales y estatales, comenzó a reconocer la injusticia inherente de condenar a menores de edad a la pena de muerte y llevó al estado hacia la eliminación de la pena para este grupo demográfico.23

En 2012, California promulgó una ley que permite a las personas condenadas a cadena perpetua por delitos cometidos cuando eran menores solicitar a un tribunal la revisión de su sentencia. Comúnmente conocida como ley de “Segunda instancia”, esta revisión otorga a los jueces la discreción de considerar factores de juventud y de crecimiento y rehabilitación de la persona. También permite la posibilidad de una nueva condena con derecho a libertad condicional.24 Fue la primera ley de este tipo en el país, y otros estados la han emulado.25

Ese mismo año, en el caso Miller contra Alabama, el Tribunal Supremo de EE.UU. declaró inconstitucionales las condenas obligatorias a penas de prisión de larga duración para menores de 18 años, basándose en el sentido común y en la investigación científica según la cual “porque los menores tienen menor culpabilidad y mayores perspectivas de reforma... ‘son menos merecedores de las penas más severas’”.26 A continuación, siguieron los dictámenes de los tribunales estatales y otras leyes.27 En la actualidad, las personas menores de 18 años condenadas a pena de muerte en California reciben una segunda revisión de su condena y pueden optar a audiencias de libertad condicional en virtud de la ley estatal de libertad condicional para delincuentes juveniles.28

El segundo grupo -los que tenían 18 años o más en el momento de cometer el delito por el que se les condenadó- fueron puestos en libertad gracias a un proceso de conmutación, a la acción de los tribunales en sus casos o a cambios en las leyes. La Constitución de California otorga al gobernador la facultad de conceder conmutaciones, que reducen la pena por un delito.29 En el caso de LWOP, esta sentencia reducida suele ser cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional. Las conmutaciones, sin embargo, son extremadamente raras, y en los últimos 10 años, a menos de 200 de las más de 5.000 personas condenadas a LWOP se les ha conmutado la pena.30

En ambos casos, no se garantiza la excarcelación. En lugar de ello, pueden optar a una audiencia de libertad condicional en la que se les exige que cumplan una serie de arduas normas para ser declarados aptos para volver a la comunidad. Este informe refleja únicamente las experiencias de las personas a las que se ha concedido la libertad. Documenta sus contribuciones únicas e inestimables a la sociedad, al tiempo que pone de relieve el potencial desperdiciado que supone condenar a las personas a morir en prisión. Por último, examina cómo se han reintegrado y qué han hecho con su segunda oportunidad.

Metodología

Este informe se basa en entrevistas realizadas a 110 de las 143 personas que estuvieron encarceladas con penas de LWOP y posteriormente fueron puestas en libertad en el estado de California, en el análisis de datos del Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California (CDCR, por sus siglas en inglés) y en otras investigaciones. Las entrevistas se realizaron en dos fases entre mayo y noviembre de 2021.

El personal de Human Rights Watch capacitó a 24 estudiantes de posgrado de la Universidad de Stanford para realizar entrevistas utilizando alguna forma de telecomunicación, incluidas llamadas telefónicas y llamadas de voz a través de diversas aplicaciones en línea. Las y los estudiantes recibieron capacitación sobre las normas para las entrevistas, entre ellas garantizar la privacidad, obtener el consentimiento informado, tomar y asegurar notas precisas y minimizar el riesgo de volver a traumatizar a las personas entrevistadas.

Se utilizó un sistema de recogida de respuestas y un guion para garantizar la uniformidad de las preguntas y la coherencia en el registro de las respuestas en todas las entrevistas. Las preguntas de la encuesta incluían una mezcla de preguntas demográficas, cerradas y abiertas para permitir a los encuestados, auto informar sobre sus experiencias de reintegración. La información sobre la vida cotidiana de las personas encuestadas se basó en la autopercepción y las respuestas narrativas se registraron textualmente. Esperamos que estos relatos sirvan de base para futuras investigaciones sobre la reinserción tras un encarcelamiento prolongado.

Se informó a las personas entrevistadas sobre la finalidad de la entrevista, su carácter voluntario y del modo en que se utilizaría la información, y todas dieron su consentimiento verbal para ser entrevistadas. Las entrevistas duraron entre 45 minutos y dos horas. Al comienzo de la entrevista se ofreció a las y los entrevistados un honorario de US$50 en reconocimiento por su tiempo. Además, se les informó de que podían interrumpir la entrevista en cualquier momento y por cualquier motivo, y de que no era necesario completarla para recibir los US$50. Algunos rechazaron la tarjeta regalo. Al final de cada entrevista, se ofrecía al entrevistado la opción de ponerse en contacto con los servicios de salud mental.

Human Rights Watch identificó a las personas entrevistadas mediante el desarrollo de un sistema de clasificación interno basado en información pública disponible del CDCR y de la Oficina del Gobernador del Estado de California. Los miembros del personal documentaron y rastrearon cuidadosamente todos los casos de personas condenadas a LWOP que recibieron una conmutación o pasaron a ser elegibles para la libertad condicional debido a cambios en las leyes. En el momento de las entrevistas, aproximadamente 143 personas habían obtenido la libertad condicional a través de uno de estos mecanismos. Human Rights Watch intentó ponerse en contacto con las 143 personas y logró hablar con las 110 entrevistadas para este informe.

Tommy Y. pasó casi 30 años cumpliendo una condena de cadena perpetua sin libertad condicional. Desde que volvió a casa, Tommy ha trabajado como adiestrador de perros en un refugio de animales y le apasiona mejorar la vida de las personas y los animales. Mission Hills, California. © 2023 Chip Warren para Human Rights Watch

Datos demográficos

Género y raza

Recibimos respuestas de 110 personas, entre ellas 88 hombres y 22 mujeres, casi todas las cuales habían pasado décadas en prisiones de California antes de ser puestas en libertad.31 Todas fueron condenadas en California, sentenciadas a prisión estatal y finalmente liberadas de una institución de California.32 En el momento de las entrevistas, las personas entrevistadas representaban aproximadamente el 77 % de la población total de personas condenadas anteriormente a LWOP que habían sido puestas en libertad en el estado de California.

De los encuestados, el 30 % se identificaba como blanco, el 26 % como negro, el 22 % como latino y el 11 % como asiático, mientras que el 10 % restante se identificaba como multirracial, indio americano/nativo de Alaska o prefería no especificar.

Raza/Origen étnico de las personas encuestadas

Bar chart

Fuente: Encuesta de Human Rights Watch a 110 personas condenadas a LWOP en California que fueron puestas en libertad.

Ubicación y situación de vivienda

El 90 % de las personas encuestadas vivía en California en el momento de la entrevista, mientras que cuatro personas vivían en otros estados y las ocho restantes vivían fuera de Estados Unidos.

Casi la mitad de las personas encuestadas vivían de alquiler en su propia casa o apartamento, en algunos casos con varios compañeros de piso. Otro 10 % era propietario de una vivienda. Aunque por debajo de la tasa media de propiedad de vivienda en California, se trata de una estadística notable teniendo en cuenta el elevado costo de la vida en California y las barreras financieras a la reinserción para un grupo que, en promedio, ha pasado los últimos 26 años en prisión.33

Aproximadamente una de cada cinco personas encuestadas vivía en viviendas de transición o reinserción. Como ejemplo, Rosemary D., que pasó más de 33 años en prisión, vive ahora en un programa de viviendas de transición pionero en su género. “Formo parte de un nuevo programa llamado ‘Home Free’ para sobrevivientes de violencia doméstica que han pasado tiempo en prisión”, explica Rosemary. “Es un centro de seis unidades con dos mujeres por apartamento, así que vivo con otra mujer”.34 La quinta parte restante vivía con familiares o amigos, como Susan B., que declaró a Human Rights Watch: “Actualmente vivo con... una de mis hijas y mi yerno”.35

Edad en el momento del delito y años en prisión

Aproximadamente una cuarta parte de las personas encuestadas eran menores de 18 años en el momento de cometer el delito que dio lugar a la cadena perpetua sin libertad condicional. El 80 % tenía 24 años o menos. Estos datos demográficos corresponden aproximadamente con la población de personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional en su conjunto. La mayoría de las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional eran jóvenes en el momento de cometer sus delitos, un hecho coherente con la ciencia del desarrollo cerebral y los estudios empíricos sobre el proceso de maduración. Estas investigaciones sugieren que la mayoría de las personas corren el mayor riesgo de delinquir hasta los 25 años, edad a partir de la cual se produce un descenso constante.36

Edad en el momento del delito

Número de personas encuestadas agrupadas por edad en el momento en que cometieron el delito

Bar chart

Fuente: Encuesta de Human Rights Watch a 110 personas condenadas a LWOP en California que fueron puestas en libertad.

La excarcelación tras una condena de LWOP también es un fenómeno relativamente reciente. Aproximadamente el 75 % de las personas encuestadas fueron puestas en libertad entre 2019 y 2022, y solo una fue puesta en libertad antes de 2014.37 Esto refleja los cambios en la ley y el uso sin precedentes de los poderes de conmutación por parte de los gobernadores de California a partir de 2011.38

El 91 % de las personas encuestadas pasaron entre 20 y 42 años en prisión antes de ser puestas en libertad. Alrededor de la mitad de los encuestados tenían unos 40 años y cerca del 20 % tenían más de 61 años cuando fueron entrevistados. Aunque queda fuera del alcance de este informe, la edad es un factor importante a tener en cuenta en futuros análisis del costo y la eficacia de las penas de LWOP. No solo aumenta exponencialmente el costo de encarcelar a personas de edad avanzada,39 sino que la probabilidad de comportamiento delictivo disminuye significativamente a medida que la persona envejece.40 Los testimonios de las personas encuestadas para este informe cuestionan la lógica de seguir encarcelando a personas que ya no suponen una amenaza para la seguridad pública.

Años transcurridos en prisión

Número de personas encuestadas

Bar chart

Fuente: Encuesta de Human Rights Watch a 110 personas condenadas a LWOP en California que fueron puestas en libertad.

Reincidencia

Human Rights Watch solicitó datos de reincidencia de todas las personas que tenían una condena de cadena perpetua sin libertad condicional pero que habían sido puestas en libertad en el momento de la encuesta. El Departamento Correccional y de Rehabilitación de California (CDCR, por sus siglas en inglés) pudo proporcionar información sobre condenas por delitos menores y delitos graves en los tres años posteriores a la puesta en libertad de las personas liberadas entre 2011 y 2019, lo que representaba el 87 % del total de personas liberadas con una condena LWOP en ese momento. De esas 125 personas, cuatro fueron condenadas posteriormente por un delito: un delito grave, un delito menor de drogas/alcohol y dos por “otros” delitos (por ejemplo, delitos menores no relacionados con personas/propiedad/ drogas).41

Estos resultados concuerdan con una amplia investigación sobre las tasas de reincidencia que sugiere que las personas condenadas por homicidio y otros delitos tipificados como violentos tienen pocas probabilidades de reincidir después de cumplir largas penas de prisión.42 Por ejemplo, según un informe de 2022 del CDCR, solo el 2 % de las personas que fueron puestas en libertad de centros penitenciarios de California tras cumplir una condena de cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional en el año fiscal 2017-2018 fueron condenadas por un nuevo delito en los tres años siguientes a su puesta en libertad.43 Datos similares de la Oficina de Estadísticas de Justicia de Estados Unidos corroboran estos hallazgos,44 junto con un estudio reciente realizado por la Universidad Estatal de Montclair que encontró una tasa de reincidencia de solo el 1,14 % entre los menores condenados a cadena perpetua sin libertad condicional en Filadelfia.45

Estos bajos índices de reincidencia invalidan las afirmaciones de que la cadena perpetua sin libertad condicional es necesaria para garantizar que las personas que han cometido delitos violentos deben ser encerradas hasta la muerte para prevenir futuros delitos. De hecho, los resultados preliminares presentados en este informe sugieren que las personas anteriormente condenadas a LWOP tienen una de las tasas de reincidencia más bajas -si no la más baja- de todas las personas excarceladas.46

Aunque las razones de los bajos niveles de reincidencia entre los ex condenados a cadena perpetua sin libertad condicional son variadas y están llenas de matices, muchas de las personas entrevistadas describieron el cambio personal y las filosofías de vida renovadas como factores contribuyentes. Por ejemplo, en palabras de Kiilu W.:

A picture containing person, person, outdoor  Description automatically generated

Kiilu W.

“Durante mi infancia, todo giraba en torno a mí... No me importaba cómo mis acciones afectaran a los demás. Mis modelos eran gángsters, así que me esforzaba por parecerme a ellos. Tuve que pasar 17 años en la cárcel para tener un modelo masculino positivo, emularlo y aceptar que la vida depende de las decisiones que tomes. Nunca solía responsabilizarme de mis decisiones.... Todo lo que hacía era culpa de otro... hasta que empecé a ir a todas las clases de autoayuda que nos daban en la cárcel. Y ahora que he salido, mi misión es ser un modelo positivo para los demás, para mi familia, para mis sobrinas, y no solo para ellas. Ahora me toca a mí dar algo a cambio. Ya no se trata de mí. Se trata de cómo puedo expresar mi gratitud. ¿Cómo puedo servir a los demás?”47


Otros expresaron su deseo de reparar los daños que habían causado en el pasado y su compromiso de hacer del mundo un lugar mejor:

Creo que la inmensa mayoría de los seres humanos son redimibles. Como yo, que cada día me levanto e intento enmendar mis crímenes e intento hacerlo lo mejor que puedo en memoria de las víctimas en mi caso y sus familias, y así es como intento vivir mi vida. Cometí errores en el pasado, y si pudiera volver atrás, lo cambiaría, sin dudarlo. Pero eso no es posible. Pero eso no significa que no pueda marcar la diferencia en el futuro... lo que importa ahora es lo que tengo por delante, e intento hacerlo lo mejor que puedo. Nunca podré compensarlo del todo, pero haré todo lo posible por intentarlo. Solo pongo de mi parte para marcar una pequeña diferencia.

—William H.48

Creo que dondequiera que me encuentre, ese lugar debería ser mejor porque he estado allí, y a quienquiera que conozca debería ser mejor porque me ha conocido. Hago lo máximo que puedo con la vida que se me ha dado, sobre todo después de quitarle la vida (a una persona) ... Soy una persona diferente de la que era, sin duda, pero quiero maximizar (ese cambio) para el mayor bien. Creo que mi segunda oportunidad no es solo para mi beneficio; creo que se me ha dado para un propósito mayor, y quiero hacerlo lo mejor que pueda.

—Wes B.49

Lo más importante es hacer algo a cambio, ya que tengo que devolver lo que debo. Antes era un saqueador de la comunidad, pero ahora puedo ser un pilar. Quiero demostrar a la gente y a la sociedad que cometí esos delitos, que hice algo malo, pero que eso no me convierte en una mala persona. Después de salir de la cárcel, volví a conectar con la humanidad, comprendí que la vida es preciosa y me di cuenta de que las personas son el mayor activo del mundo. Aprendí a ser un activo y no un pasivo en el mundo.

—Anthony W.50

La vida fuera de prisión

Aunque los bajos índices de reincidencia reducen la necesidad de las penas de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, no captan la humanidad de las personas que hay detrás de las estadísticas. Las estadísticas de reincidencia se centran únicamente en si alguien ha cometido un delito una vez puesto en libertad. Pero si no delinquen, ¿qué hacen? ¿Qué hay del bien? ¿Cómo están contribuyendo a sus comunidades? Este informe pretende responder a estas preguntas y añadir una visión más holística al creciente corpus de investigación sobre la vida de las personas anteriormente condenadas a LWPO. En esta sección se examinan aspectos de la vida de las personas encuestadas desde su puesta en libertad, como la educación, el trabajo, la estabilidad económica, las relaciones personales y la participación en la comunidad.

Charlie P. fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional y se le conmutó la pena tras 22 años en prisión. Cuando obtuvo la libertad condicional, se matriculó en la escuela, se graduó con una licenciatura y fue aceptado en un programa de maestría en California State San Bernardino. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Christian B. pasó 25 años en prisión tras ser condenado a cadena perpetua sin libertad condicional. El gobernador de California conmutó la pena y Christian obtuvo la libertad condicional. Una vez en libertad, decidió trabajar con otros presos y con sobrevivientes de delitos en la organización sin fines de lucro Healing Dialogue and Action. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Rubén R. fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional por un delito que cometió cuando tenía 17 años. Cambios en la ley le dieron la oportunidad de presentarse ante la junta de libertad condicional, y fue declarado apto para salir en libertad. Tras volver a casa, Rubén aprendió carpintería, se hizo administrador de fincas y trabajó a tiempo parcial para una organización sin fines de lucro. En su tiempo libre, ha vuelto a las prisiones como orador voluntario, animando a la gente a elegir un camino de superación personal. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Educación

Casi todas las personas encuestadas (96 %) declararon que, desde su puesta en libertad, habían utilizado la educación, la formación y otras habilidades adquiridas durante su estancia en prisión. Al salir de la cárcel, muchas optaron por ampliar sus estudios. Ocho encuestados declararon haber obtenido su título de Desarrollo Educativo General (GED) o haberse graduado en la escuela secundaria desde su puesta en libertad, y más de 30 encuestados afirmaron haber seguido cursos universitarios. Tres afirmaron haber obtenido un título universitario de primer ciclo y seis dijeron haber completado una licenciatura, mientras que otros diecinueve afirmaron estar trabajando activamente para obtener un título universitario o de posgrado.

Las personas entrevistadas plantearon repetidamente la idea de la educación como medio de curación y redención. Tin N. señaló:

Obtendré mi título la semana que viene. Estoy aplicando a un MBA. Ha sido todo un viaje. Durante mi infancia, todo el mundo me decía que era tonto, que no tenía cerebro, que tarde o temprano abandonaría los estudios. Dejé los estudios y me uní a una banda. Creía que no tenía cerebro. [Ahora], poder graduarme, y no solo graduarme, sino graduarme summa cum laude, ha echado por tierra todo lo que esa gente me dijo... y ha echado por tierra mi propia creencia [sobre quién podía llegar a ser] cuando era pequeño.51

Otro comentó:

La educación ha sido una herramienta en mi desarrollo personal. Tras mi liberación, pude continuar mi educación. Incluso me especialicé en filosofía, y ha seguido siendo un ancla y la realidad positiva en la que elijo vivir y existir. Mi educación ha seguido siendo una fuente de alegría, inspiración y motivación.52

Thaisan N.

Thaisan N. wearing graduation robes holding a baby

Thaisan nació cuando sus padres huían de Camboya por una difícil ruta a través de la selva; su madre dio a luz después de haber perdido a su primogénito por inanición. Escapaban del genocidio camboyano, y Thaisan sabe ahora que sus padres padecieron un sufrimiento indescriptible. La familia llegó a Estados Unidos y, conforme crecía, no le hablaron mucho del pasado. “Para ellos era traumatizante hablar de ello”, recuerda. Ese trauma afectó profundamente a su vida familiar; su madre maltrataba física y emocionalmente a Thaisan. “Así es como la guerra la había afectado”, dijo. “En cierto sentido, la violencia se había normalizado para ella”.

Thaisan primero encontró refugio en la escuela. La escuela era “un lugar donde sabía que estaría... a salvo de sus abusos”. Eso fue hasta que la familia se mudó a California, y empezó a sufrir el racismo y el acoso constante de sus compañeros de clase. Cuando solo tenía ocho años, empezó a pasar tiempo con otros jóvenes camboyanos que sufrían acoso y, unos años más tarde, se unieron a una banda para protegerse. “Me protegían de una forma que mis padres y mis profesores no podían”. Con el tiempo, su decisión de anclarse en la violencia le llevó a disparar desde un coche a un miembro de una banda rival. Él y su hermano menor fueron declarados culpables de asesinato y condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

En prisión, ser miembro de una banda era una “identidad a la que me aferraba”, afirma. “No tenía esperanzas de volver a casa, así que ¿por qué iba a querer cambiar?”. Su hermano, sin embargo, empezó a tomar un camino diferente y un día fue a la celda de Thaisan y le entregó una solicitud para la universidad. Thaisan le miró incrédulo. “Dime, ¿para qué carajos me voy a apuntar a la universidad? ¿Qué voy a hacer con un título en la cárcel?”. Pero para apaciguar a su hermano, rellenó la solicitud, y desencadenó una cascada de cambios. “Empecé a ir a clase y conocí otro mundo”, reflexiona. “Pude salir de la cultura de la violencia y las bandas de la cárcel en la que había vivido tanto tiempo y entrar en el mundo académico, donde conocí la historia y las diferentes culturas”.

La educación superior hizo algo más por Thaisan: “Me permitió... tener más intención en mi reflexión, desafiándome a mí mismo a preguntarme... ¿por qué pensaba así? ¿Qué me hizo comportarme así?”. También le dio fuerzas para acudir a terapia, tratar la depresión y desentrañar la historia traumática de su familia. Obtuvo su título de A.A. y se convirtió en parte del primer programa de B.A. en una prisión de California.

En 2018, después de cumplir más de 20 años en prisión, Thaisan recibió una rara conmutación del gobernador que lo hizo elegible para la libertad condicional. Después de ser declarado apto en una audiencia de libertad condicional, fue puesto en libertad condicional en marzo de 2021. Continuó el viaje educativo que transformó su vida y desde entonces se ha graduado summa cum laude con una licenciatura en California State Los Angeles.

Trabajo

Aunque las experiencias laborales individuales y los niveles de estabilidad económica variaban de una persona a otra, había rasgos comunes. Por ejemplo, el 90 % declaró que trabajaba, y la gran mayoría lo hacía a tiempo completo.53

Sin embargo, el empleo a tiempo completo no es la historia completa. De las personas que trabajan, el 56 % lo hace más de 40 horas a la semana, y el 40 % tiene dos o más empleos a la vez.54 Las personas encuestadas describieron esta tendencia a trabajar en varios empleos o muchas horas como el resultado de un deseo de recuperar el tiempo perdido o por necesidad económica. Por ejemplo, Jarred V., que tenía 16 años en el momento de cometer el delito y pasó más de 24 años en prisión, dijo que trabajaba entre 60 y 70 horas a la semana una vez puesto en libertad: “Empiezo tarde en la vida, así que quiero hacer todo lo que pueda”.55

Otro comentó que sus circunstancias le obligaron a desarrollar una fuerte ética laboral. Thomas W. relató su esfuerzo por estabilizarse económicamente tras salir en libertad condicional: “Tengo todo lo que tengo porque en un trabajo trabajaba siete días a la semana, 14 horas diarias, solo para poder comprarme un coche y un apartamento. Estoy muy orgulloso de cómo he trabajado y de no haberme rendido nunca”.56

Las personas encuestadas también se dedicaban a diversos campos laborales, desde la construcción y el cuidado de personas hasta la fundación de sus propios negocios y el trabajo como artistas. Aproximadamente el 20 % trabajaba en empleos manuales o industriales y otro 12 % en el sector servicios, como la alimentación, la venta al por menor y el reparto. Sin embargo, el campo más común era el trabajo sin fines de lucro. El 43 % declaró trabajar en el sector no lucrativo, la mayoría en organizaciones dedicadas a la reforma del sistema jurídico penal, la juventud, las personas sin hogar y el bienestar de los animales.

Quienes trabajaban para organizaciones sin fines de lucro se mostraban muy satisfechos con su trabajo, que describían como una forma de “devolver” algo a la comunidad. Howard J., por ejemplo, es embajador de 2nd Call, una organización que trabaja para reducir la violencia en la comunidad ofreciendo oportunidades de empleo y recursos a personas que han estado encarceladas y a personas sin hogar. Al describir su trabajo, Howard señaló: “Estoy muy entusiasmado con el trabajo que tengo y con poder devolver algo... nos centramos en la comunidad, ofreciendo nuestro apoyo a los lugares donde muchos de nosotros estábamos antes de ser encarcelados”.57 Thomas Y., que trabaja para un refugio de animales, dijo:

Me encanta ir a trabajar todos los días. A veces tenemos 17, incluso 20 perros. Cuando entro en el refugio, me veo reflejado en esos perros. Están encerrados, aislados, solos, tristes y deprimidos, igual que yo en la cárcel... A veces entro y me siento con ellos y les doy cariño. La parte más dura del día es cuando me voy.58

Otros explicaron que su trabajo en la comunidad les daba un sentido de finalidad. Christian B. trabaja como coordinador de proyectos para una organización llamada Healing Dialogue and Action, que crea oportunidades de curación para familiares afectados por homicidios, personas que han sido encarceladas y comunidades afectadas por delitos violentos. Explicó que “el trabajo que hago es algo que considero una reparación por el daño que causé... es muy íntimo y personal para mi vida, y creo que hace grandes cosas por los demás”.59

Laverne T. se hizo eco de un sentimiento similar. Durante sus 26 años en prisión, realizó cursos de formación sobre seguridad en el trabajo que ahora utiliza para formar a otras personas en su puesto actual de supervisora de operaciones para una organización sin fines de lucro que lucha contra la falta de vivienda. Laverne señaló que muchas de las personas a las que atienden se han visto gravemente afectadas por la crisis de sobredosis en San Francisco. “Hacemos controles de bienestar todo el día. A menudo [encontramos personas que] están azules, rígidas, con esputos espumosos o que no responden”. En esos casos acude su equipo, actuando bajo presión y en circunstancias difíciles. “Hemos recibido formación en reanimación cardiopulmonar y Narcan, e intentamos que recuperen la consciencia... hemos salvado más de 300 vidas... da bastante miedo, pero estoy muy orgullosa de ello”.60

Tobias T.

Cuando le preguntamos qué objeto representaría más claramente quién es hoy, Tobias T. levantó dos herramientas de jardinería: una paleta y unas tijeras de podar. “Cuando me detuvieron hace 33 años, mis amigos y yo utilizábamos herramientas de destrucción, destruyendo nuestras comunidades. Quiero decir, no solo destruíamos vidas humanas, sino también el espacio.... [Estas herramientas representan mi viaje”. Las herramientas de jardinería pueden parecer una elección curiosa para un hombre que a los 20 años fue condenado por un robo que se saldó con dos asesinatos. Pero tras ser condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, Tobias eligió en prisión un camino de superación personal y ayuda a los demás. Tras 28 años, obtuvo la libertad condicional gracias a que el gobernador reconoció su cambio y sus contribuciones, y regresó a la comunidad con la intención de ser un constructor en lugar de un destructor.

A picture containing outdoor, person, grass, person  Description automatically generated

Tobias cofundó la organización sin fines de lucro Angel City Urban Farms porque cree que la curación se produce en comunidad, y que cultivar alimentos, prepararlos y dárselos a la gente necesitada es una forma de curar. “Soy un agricultor urbano”, dijo, mientras señalaba motas de tierra pegadas al borde de su paleta. “Esta suciedad de aquí, viene de Compton, Watts, Los Ángeles, Beverly Hills, Pacific Palisades... Utilizamos la agricultura urbana como medio para crecer juntos”. La organización trabaja con socios comunitarios y ofrece oportunidades a los jóvenes. “Les damos espacios seguros para que sean niños”, dice. “A algunos jóvenes los veo todos los días, me convierto en una especie de padre sustituto”.

La jardinería proporciona sustento real, pero para Tobías es también una metáfora. “El jardín es en realidad el corazón humano, así que... cultivo, desbrozo y podo, y estoy plantando”, explica. “En realidad... cultivamos la comunidad [y] no solo cultivamos la comunidad, cultivamos la curación”.

Y al igual que su jardín, ha recorrido un largo camino. “De niño decían que no tenía nada humanamente bueno en mí, que era incorregible. Les demostré que estaban equivocados”. “Ahora, cada día, hago que cuente. Cada día, quiero a alguien”, dice. “Mi capacidad no está limitada, estoy creciendo y convirtiéndome en mejor persona, humano, amigo, ciudadano, cada día. Estoy orgulloso de hacer de este mundo un lugar mejor”.

Abraham P. fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional por un delito que cometió cuando tenía 18 años. Tras 23 años en prisión, pasó por el proceso de libertad condicional y quedó en libertad. Desde que volvió a casa, ha tenido varios empleos, entre ellos en la construcción y en organizaciones sin fines de lucro que prestan servicios de reinserción e incidencia política. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Hung N., condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, quedó en libertad condicional tras conmutarle el gobernador la pena. Actualmente cursa estudios universitarios y trabaja como voluntario en el Asian Law Caucus. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Howard J. llevaba 34 años en prisión, condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, cuando el gobernador le concedió la conmutación de la pena. Ahora trabaja con personas que carecen de vivienda y con personas que acaban de salir de prisión, proporcionándoles recursos y ayudándolas a encontrar empleo. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Ayudar económicamente a los demás

De las 110 personas encuestadas, 102 dijeron que se mantenían económicamente a sí mismas. Además, una gran mayoría, el 84 %, declaró ayudar económicamente a otras personas desde que salieron de prisión. Describieron la ayuda prestada a diversas personas, desde familiares y amigos hasta miembros de la comunidad, como veteranos militares y personas sin hogar.

Apoyo a las poblaciones sin vivienda

El acto de ayudar económicamente a las personas sin vivienda surgió como un tema común entre los encuestados. Tras ser liberado en 2018, DeAngelo M. trabaja ahora como pastor en una iglesia y dirige una organización sin fines de lucro en Los Ángeles, pero señaló que en su tiempo libre se dedican a atender a personas sin hogar:

Mi mujer y yo damos de comer a las personas sin hogar del centro. Compramos cientos y cientos de calcetines, cientos y cientos de desodorantes, peines, pasta de dientes, mantas, guantes, gorros y comida, y preparamos estos kits para repartirlos.61

Del mismo modo, Thomas W. mencionó: “Mi prometida y yo damos de comer a las personas sin hogar. Con nuestros propios fondos, preparamos 300 comidas para Pascua y las repartimos entre los desamparados de Los Ángeles. Lo hacemos cada dos meses”.62

Describieron una afinidad, señalando que, en cierto modo, la experiencia de una condena de LWOP era similar a la de las personas que sufren la falta de vivienda al sentirse desechadas, despreciadas y olvidadas por la sociedad. Juan C., que pasó más de 41 años en prisión y ahora tiene casi 70 años, dijo:

Muchas [personas sin vivienda] se sienten desesperanzadas. Sienten que no existen, que no importan. Intento ayudarles. Me identifico con ellos como seres humanos, no como personas sin hogar.63

James H. añadió: “Ahora tengo una debilidad en el corazón por las personas sin hogar y que necesitan mendigar. Siento compasión por ellas porque siento que es lo que me pasó a mí”.64

Del mismo modo, Howard J. comentó: “Doy dinero a las personas sin hogar porque alguien me cuidó cuando estaba en la cárcel, y ahora veo que es mi momento de devolver y ayudar a los demás”.65

Apoyo a las personas encarceladas o excarceladas

De los que ayudan económicamente a otros, el 37 % afirma que asiste a personas que están encarceladas o que han sido puestas en libertad recientemente. “Sé lo que es [estar en prisión y] sentir que necesitas algo pero no tienes forma de conseguirlo”, afirma Oliver T… “[En prisión], la gente gana como mucho 25 céntimos por hora, así que tener un poco de dinero ayuda mucho”.66

Sara K., una de las primeras personas en California a las que se conmutó una pena de LWOP por otra que permite la libertad condicional, fue puesta en libertad en 2013. Recientemente hizo un inventario de sus contribuciones financieras en los últimos diez años y descubrió que, desde que volvió a casa, ha contribuido con más de US$20.000, la mayoría a personas que siguen encarceladas. “Y voy a seguir haciéndolo”, dijo. “Puede que yo esté dentro del umbral de la pobreza, pero si estoy bebiendo café y comiendo fideos, tú también estarás bebiendo café y comiendo fideos”.67

También apoyan a la gente que sale de la cárcel de otras formas, a menudo recordando las dificultades de reinsertarse en la sociedad. Michele S., que solo había salido dos meses antes de su entrevista, señaló:

Después de 30 años encerrada, no tengo ni idea de cómo ir al Departamento de Tráfico, ni cómo coger el autobús, ni cómo hablar por teléfono. Hay tantos detalles en la vida cotidiana que la gente da por hecho... salir al mundo real es un cambio enorme.68

Las personas encuestadas informaron de que esperaban facilitar el proceso de reintegración de otros proporcionándoles apoyo, como transporte tras la puesta en libertad, comprando artículos de primera necesidad, como comida y ropa, y ayudándoles con tareas potencialmente abrumadoras, como acudir al Departamento de Vehículos de Motor para obtener una identificación estatal o un permiso de conducir, o solicitar al gobierno federal una tarjeta de la seguridad social. Taewon W., que pasó más de 26 años en prisión, dijo que ahora contribuye con asistencia financiera continua “a compañeros de LWOP que han sido liberados”. Describió su ayuda en la transición:

Me aseguré de que cualquiera que fuera liberado supiera cómo conseguir una tarjeta de la seguridad social, vales de comida, un carné de conducir y todo lo que necesitaran para funcionar aquí. Me sentí obligado a ayudar a los que iban a pasar por un proceso similar al mío.69

Relaciones personales

Desde que salieran de prisión, la gran mayoría de las personas encuestadas afirmaron haber establecido nuevas relaciones, alimentado o restablecido las relaciones con sus familiares y creado nuevos lazos dentro de la comunidad local.

Establecer nuevas relaciones

Casi la mitad se había casado o había iniciado una relación estable después de la cárcel, y cinco tenían un nuevo hijo. Otros se relacionan con sus hijos, a menudo ya mayores. “Hablo por teléfono todos los días con mi hija”, dice Kenneth H., y añade: “Después de salir de la cárcel, conocí a una mujer y somos pareja desde hace más de tres años. Espero que dure el resto de mi vida. Ha sido una relación muy buena”.70

También han asumido nuevos roles parentales. Describiendo a la hija de ocho años de su mujer, fruto de un matrimonio anterior, Matthew V. nos dijo: “Viene y me llama papá, y me da abrazos todas las mañanas. Le enseño a luchar mejor en jujitsu para que los chicos no se metan con ella. Es muy dura”.71

Cultivar y reparar relaciones

Cometer un delito y ser condenado a cadena perpetua sin libertad condicional puede dañar las relaciones. El 45 % de las personas encuestadas afirmó haber trabajado para restablecer una relación familiar distanciada. Para algunas, ha habido curación y reconciliación. Roy C. dijo: “He... estado trabajando en las relaciones que rompí en mi familia. Les he tendido la mano y han respondido muy bien”.72 Del mismo modo, Thaisan N. compartió:

Debido a los horribles delitos que cometí, mi familia quedó destrozada... No me di cuenta de que mis hermanas se volvieron muy hostiles entre ellas. Así que, cuando volví a casa, tuvimos una reunión familiar... y fue alentador para mí que mi hermana mayor dijera que mi vuelta a casa era como un puente para recuperar a su hermana pequeña”.73

Para otros, el distanciamiento ha perdurado. Howard J. señaló: “Casi todas mis relaciones familiares estaban distanciadas, y estoy trabajando en reconstruir los puentes que rompí”. Y añadió: “Es un proceso continuo... me rompe el corazón, pero dejo la puerta abierta, y... trato constantemente de aprender más sobre cómo invertir en las relaciones”.74

Judith B. dijo:

La reagrupación familiar es difícil cuando has estado encerrado mucho tiempo... Mi hijo era un joven adolescente cuando me metieron en la cárcel. Ahora, 28 años después, tiene que ... lidiar con una madre que está envejeciendo [y] ha salido repentinamente de la cárcel.

Insistió en lo difícil que es para los hijos y dijo que “la gente debería tener compasión [de los familiares] con estas liberaciones inesperadas”.75

Cuatro de cada cinco encuestados afirmaron haber cuidado o asistido a un enfermo o a una persona mayor desde su puesta en libertad. El 50 % de ese grupo cuidó de un padre o un abuelo. El padre de Tommy D., por ejemplo, adquirió una discapacidad durante un accidente laboral, y desde entonces Tommy se ha hecho cargo de él.76

Otros ayudan a personas de su comunidad. Entre ellos está Paul B., que ha cuidado de su vecino y le ha ayudado con las tareas cotidianas. “Cuido de mis vecinos [mayores] que viven solos”, dice Paul. “He tenido que ir allí y levantar [a uno de ellos] del suelo. También saco la basura y podo los árboles”.77

La última pregunta de la encuesta se refería a lo que les da más alegría en la vida. Casi todas las personas encuestadas mencionaron a la familia.78 Samuel E. nos dijo que era una pregunta fácil de responder: “Poder reunirme con la familia y los amigos y hacer algo bueno”.79 Josh C. dijo: “Lo que más alegría me da es simplemente estar en casa con la familia. No hacemos otra cosa que estar en casa y ser una familia”.80 Dianna P. bromeó: “¡Mi familia! Por supuesto que mi familia. Mi gato le sigue de cerca. Se llama Mango y es un encanto. Me da los mejores abrazos”.81

Crear nuevos vínculos en la comunidad local

Muchas de las personas encuestadas afirmaron haber creado nuevos vínculos en sus comunidades a través del voluntariado y la afiliación a organizaciones locales. Leif T. señaló:

He participado en la limpieza de comunidades y barrios, arrancando malas hierbas, borrando grafitis y cosas por el estilo. También he sido voluntario en la oficina de un concejal. Estaban organizando un festival de jazz y necesitaban mucha ayuda para preparar y montarlo todo. Cuando la comunidad necesita algo, suelo ayudar en lo que puedo.82

La siguiente sección explora otras formas en que este grupo ha contribuido y se ha comprometido con sus comunidades locales.

Contribuir a la comunidad

Las personas que han cumplido largas penas de prisión pueden enfrentarse a barreras sociales y culturales a la hora de aportar su tiempo y sus recursos a las comunidades a las que regresan. No obstante, la gran mayoría de las personas encuestadas afirmó haber participado activamente en sus comunidades desde su puesta en libertad. El 94% declaró haber trabajado como voluntario en organizaciones benéficas, organizaciones comunitarias u organizaciones sin fines de lucro desde su puesta en libertad, y el 98 % afirmó haber ayudado de manera informal a miembros de la comunidad que necesitaban ayuda. Comparativamente, entre septiembre de 2020 y 2021, solo un estimado 18,3 % de los californianos se ofreció formalmente como voluntario con organizaciones y solo el 46,1 % ayudó informalmente a sus vecinos.83 Las formas más comunes de voluntariado entre los encuestados fueron la mentoría, los deportes u otras actividades con jóvenes; la asistencia en bancos de alimentos o la ayuda de otro tipo a personas en situación de pobreza o sin hogar; el trabajo con organizaciones religiosas o comunitarias; y el voluntariado en refugios de animales.

Bradley A. y su esposa, Lovie, se conocieron cuando tenían ocho años. Bradley fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, pero quedó en libertad después de que el gobernador conmutara su pena y una comisión de libertad condicional se la concediera. Montó un negocio de adiestramiento canino especializado en perros de servicio y trabaja como voluntario en hospitales llevando a sus perros a visitar a los pacientes. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

La condena de Ny N. a cadena perpetua sin libertad condicional fue reducida por un tribunal, y finalmente fue indultada por el gobernador. Ahora es codirectora del Comité de Apoyo a los Presos Asiáticos. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Paul B. fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional por un delito que cometió a los 16 años. Gracias a cambios en la ley, pudo acceder a una audiencia de libertad condicional que le permitió salir en libertad. Ahora es defensor de los jóvenes y consejero certificado en alcoholismo y drogadicción. También fue nombrado comisionado de la Comisión de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia del condado de San Mateo. Woodside, California. © 2021 Damion Hamilton for Human Rights Watch

Mentoría de jóvenes

Muchas de las personas encuestadas dijeron que habían buscado formas de ser una influencia positiva para los jóvenes. Siete de cada diez dijeron que desde que salieron de prisión habían asumido un papel de adulto sano en la vida de un joven, ya fuera un familiar, el hijo de un amigo o a través de un programa que trabaja con jóvenes. Describieron el establecimiento de relaciones con los jóvenes con la esperanza de transmitirles lecciones de vida. Deryl A., que pasó más de 40 años en prisión, es ahora mentor de algunos jóvenes de su comunidad. Describió a uno de ellos diciendo: “Tiene 13 años. Su padre no está por aquí. Paso mucho tiempo con él porque, si no, se lo llevan las bandas. Si no tienes amor en casa, lo buscas en otra parte”.84 Otro encuestado, Michael Y., nos dijo:

Tengo un sobrino problemático... y su agente de la condicional me llama, y tengo buena relación con ella. Se ha escapado muchas veces, y yo he ido tras él y me he metido en la zona de las bandas y lo he perseguido y traído a casa. Comparto mucho con él y he logrado grandes avances. Ahora no quiere juntarse con esos chicos. Tiene 15 años, va mejor en la escuela y participa en el béisbol.85

Las entrevistas a estas personas pusieron de manifiesto un aspecto común derivado de sus numerosos años de encarcelamiento: la autorreflexión y el papel de la juventud en su toma de decisiones cuando la mayoría cometió los delitos por los que fueron condenados a penas de prisión sin posibilidad de libertad condicional. La razón por la que tantos miembros de este grupo dijeron haberse involucrado en la mentoría de jóvenes es que reconocían la importancia de los entornos de la infancia y la adolescencia y la susceptibilidad de los jóvenes a las influencias que les rodean. Por ejemplo, Christina M. asumió un papel de mentora en la vida de varios jóvenes con dificultades de su comunidad. Señaló que:

Si me hubieran dado la oportunidad de aprender o hubiera tenido un mentor o alguien dispuesto a decirme ‘oye, esto no es buena idea’, posiblemente habría seguido un camino diferente. Ahora que tengo esta experiencia y estos conocimientos, [los niños que tutelo] no tienen que pasar por la experiencia para aprender [esa lección]”.86

Otro expresó un sentimiento similar, declarando: “Uno de mis objetivos es trabajar con los jóvenes con problemas de hoy y compartir mi historia con ellos para que puedan aprender sin tener que experimentarlo de primera mano”.87

Jawad J.

De alguna manera, Jawad irradia dulzura e intensidad a la vez. Escucha atentamente. Responde con suavidad. También parece increíblemente más joven que alguien que ha pasado casi 25 años en prisión.

Solo tenía 16 años cuando fue detenido en virtud de la norma de delitos graves de asesinato de California por un asesinato cometido por otra persona.88 Condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, años más tarde tuvo la oportunidad de salir en libertad cuando cambió la ley que limita cuándo se puede condenar a menores a cadena sin libertad condicional. Para él, esa segunda oportunidad fue una bendición indescriptible, y es lo que le inspira. En prisión, dice, “no tuve la oportunidad de hablar por mí mismo”. Ahora quiere usar su voz para los demás. “Siempre hablaré por los que no tienen voz. Siempre hablaré por la justicia”.

Una de sus formas de hacerlo es sirviendo como mentor para los jóvenes de su comunidad. Todos los jueves, Jawad vuelve al mismo instituto del que fue expulsado hace años en el centro sur de Los Ángeles y se reúne con los estudiantes. Responde a preguntas, actúa como un hermano mayor y ayuda como alguien que entiende por lo que están pasando. “Creo que es importante ser un ejemplo para los que quieren hacerlo mejor”. Se ve a sí mismo a esa edad en ellos, y pensar en ello a veces hace que se le llenen los ojos de lágrimas. El mero hecho de poder devolver algo... aportar algún tipo de orientación y comprensión a sus situaciones... me hace querer hacer más y formar parte de ese cambio”.

A person holding a trophy  Description automatically generated with low confidence

A Jawad también le apasiona ayudar a las personas sin hogar. Es cofundador de City Hall Sessions Los Angeles, una organización sin fines de lucro dirigida por voluntarios que atiende a la población sin techo. “Vimos que había una necesidad y dijimos: ‘Hagamos algo al respecto. ¿Qué podemos hacer? Tengamos los recursos que tengamos, empecemos a comprar comida, agua y productos de higiene, y empecemos a repartirlos’”. Cada semana distribuyen comidas precocinadas a personas mayores de su comunidad, y los viernes, él y los demás voluntarios se trasladan al centro de Los Ángeles y dan de comer a cientos de personas en el corazón de Skid Row.

Cuando ahora sostiene en brazos a su hija pequeña, Assiyah, que nació en 2021, espera que el trabajo que hace le repercuta positivamente de alguna manera. “Espero que cuando crezca sepa que su padre cometió errores en la vida, pero aprendió de sus errores”.


Participación en organizaciones religiosas

El 62 % de las personas encuestadas afirmaron haber participado en organizaciones religiosas desde que fueron puestas en libertad. Reflejan una amplia gama de creencias y orígenes. Durante los 28 años que Eric C. pasó en prisión, se hizo budista practicante y ahora forma parte de la organización que acudió por primera vez a su prisión: “Venían a la institución impartiendo enseñanzas budistas no confesionales... en aquel momento, la creadora del programa, que era casi como una madre espiritual para mí, habló de cómo podría involucrarme si alguna vez salía”. Ahora asiste a reuniones semanales y se reúne con otros para meditar y “repasar algunos de los rituales y preceptos que siguen las enseñanzas budistas”.89

Muchos atribuyeron a su fe un papel decisivo durante su estancia en prisión y reconocieron el papel central que sigue desempeñando en sus vidas. “Lo más importante [en mi vida] es mi base de conexión con el creador, Dios”, dice Paul C., que pasó más de 37 años en prisión. Paul describió la conexión con su herencia nativa americana y su espiritualidad a través del voluntariado en las cabañas de sudor de los nativos americanos. A menudo ayudaba a preparar las ceremonias y asistía al líder espiritual. “Me produce tanta felicidad ver a alguien iluminado con ese espíritu del creador, simplemente resplandeciente”.90

Paul y otros también se han dedicado a hablar en público en entornos religiosos sobre temas como sus testimonios personales y la justicia reparadora. Jim W., que se identifica como judío y es un veterano de Vietnam que pasó más de 40 años en prisión, ha acudido a múltiples sinagogas para hablar con los jóvenes. “Hablar en público es algo con lo que no me siento muy cómodo, pero al mismo tiempo hay que hacerlo para asegurarse de que estos chicos sigan por el buen camino”.91 Asimismo, Christian B. ha hablado con muchos grupos religiosos e iglesias sobre su historia personal, incluido su viaje de transformación y reconciliación con una de las sobrevivientes de su delito.92

Otros describieron haber sentido un fuerte sentimiento de familia y comunidad en sus organizaciones religiosas tras su puesta en libertad. Judith B. señaló: “En esta ciudad, la iglesia se apresura a acoger a los recién llegados. Así que voy al estudio de la Biblia y a otros eventos. Eso ha sido el eje de mi vida aquí”.93 Del mismo modo, Danilo C., que vive en Nicaragua, dijo: “Soy activo en mi iglesia. Estoy allí fielmente... es como otro hogar para mí”.94

DeAngelo M., originalmente condenado a cadena perpetua sin libertad condicional, recibió una conmutación y fue puesto en libertad condicional tras 20 años en prisión. Sostiene su Biblia para representar la importancia que la fe tiene para él desde que fue puesto en libertad. DeAngelo trabaja como pastor en una iglesia y ayuda a dirigir una organización sin fines de lucro que enseña terapia narrativa. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Susan B. pasó 32 años en prisión antes de que el gobernador conmutara su pena de cadena perpetua sin libertad condicional. Una vez en libertad, comenzó a colaborar como voluntaria con varios grupos, entre ellos uno que proporciona mantas a veteranos en silla de ruedas. Aquí sostiene una de las colchas de ganchillo que pronto donará. Cypress, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

La condena a cadena perpetua sin libertad condicional de Tin N. fue conmutada por el gobernador, y posteriormente la junta le concedió la libertad condicional. Desde que regresó a casa, se licenció en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles. Trabaja como adiestrador de perros de servicio. Los Ángeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Tobias T. trabaja como agricultor urbano y defensor de la justicia alimentaria. Los Angeles, California. © 2021 Chip Warren para Human Rights Watch

Organización y defensa de la comunidad

Otro 37 % de las personas encuestadas declaró participar en grupos relacionados con la organización y la defensa política o comunitaria. Steven G., que pasó casi 28 años en la cárcel y acaba de ser admitido en un programa de doctorado de la Universidad de California Irvine, trabaja como voluntario en grupos de reforma y defensa de los derechos de los reclusos:

Trabajamos para tratar de humanizar a la gente y ajustar el lenguaje de cosas como “convicto” a “ex presidiario”. También comparto mi experiencia y mi historia para demostrar que tenemos buenas cualidades y somos redimibles.95

Muchas personas también describieron su compromiso cívico y su participación en muchos niveles de la política para catalizar el cambio. Eric C., que ayudó a un candidato político a hacer llamadas para su campaña de reelección, señaló:

Había otras propuestas en la papeleta por las que también intentábamos que los votantes votaran a favor. [Una] trataba sobre la restitución del derecho al voto de las personas que habían estado encarceladas. Dije: “Si lo quiero, tengo que participar”.96

Un tanto sorprendido, Kenneth H. reflexionó sobre lo improbable de su implicación política. “Hoy mismo he hablado con un senador del estado de California sobre la necesidad de aumentar la financiación de los programas de curación”. Recordó que el senador le respondió: “Solo quiero darle las gracias por el trabajo que está haciendo”. Describió la experiencia como surrealista y gratificante: “Y cuando recuerdo momentos como ése, en un momento dado me condenaron a morir en la cárcel, y ahora un senador del estado me da las gracias por lo útil que es mi trabajo para las personas actualmente encarceladas, para sus familias y para la sociedad”.97

Rescate y adiestramiento de animales

El amor por los animales fue un tema recurrente para muchas de las personas entrevistadas. Los animales, incluidas las mascotas, se mencionaron a menudo como fuente de alegría, y el 22 % de los encuestados declararon ser voluntarios en organizaciones dedicadas al rescate o adiestramiento de animales. Thomas W. fue puesto en libertad en 2020 tras pasar 23 años en prisión. Aparte de su trabajo a tiempo parcial, puede dedicar su tiempo libre como voluntario durante unas 40 horas a la semana en una organización llamada Paws for Life K9 Rescue.

Rescatamos perros e intentamos adiestrarlos para que se conviertan en perros de apoyo emocional o perros de servicio... [y luego] los donamos a veteranos de guerra con trastorno de estrés postraumático (TEPT), bomberos, médicos, enfermeras e incluso a algunos de los estudiantes que sobrevivieron a tiroteos en escuelas... para ayudarles a recuperarse de su trauma”.98

Thaisan N., también voluntario de la misma organización, comentó la naturaleza humanizadora del cuidado de los animales: “Cuando la gente te ve queriendo a un perro y adiestrando a un perro, la gente te mira como ¡santo cielo, eres un ser humano!”.99

Antes de la pandemia de Covid-19, Susan B. también fue voluntaria como adiestradora de perros de servicio. Su descripción del adiestramiento de animales, como una actividad entre sus muchos otros compromisos de voluntariado, es una muestra adecuada de las muchas y diversas formas en que las personas anteriormente condenadas a penas de privación de libertad contribuyen activamente a sus comunidades:

Actualmente trabajo como voluntaria en la Coalición de California para Mujeres Presas... También soy voluntaria mensual en una iglesia para ayudar a distribuir alimentos y dar charlas en institutos y universidades sobre violencia doméstica, encarcelamiento y opciones de vida. También soy voluntaria en las logias de sudor de los nativos americanos y he sido adiestradora de perros antes del Covid, adiestrando perros de servicio... Ha sido una oportunidad increíble. No estoy en condiciones de hacer donaciones económicas, pero intento hacer lo que puedo por los demás.100

Puede que otros no hayan podido participar en tantas actividades como Susan, pero un tema unificador entre casi todas las personas que entrevistamos es el deseo de hacerlo, en parte para enmendar su delito o su vida pasada, y también porque realmente creen que tienen cosas que ofrecer a su comunidad. “Me estoy recuperando, tengo dos trabajos y estudio, así que siento que no he tenido tiempo de involucrarme en la comunidad como me gustaría”, dijo Ceona H. después de haber sido liberada hace menos de un año. Pero en cuanto esté más asentada, me involucraré más”.101

Marcus M. fue condenado a doble cadena perpetua sin libertad condicional por delitos cometidos cuando tenía 21 años. Tras 32 años en prisión, el gobernador le conmutó la pena, se sometió al proceso de libertad condicional y quedó en libertad. Ahora trabaja como director de un refugio de animales, salvando a perros abandonados y maltratados a los que, de otro modo, les habrían aplicado la eutanasia. Mission Hills, California. © 2023 Chip Warren para Human Rights Watch

Dificultades

A lo largo de las entrevistas, algunas de las personas encuestadas describieron las dificultades con las que se habían encontrado tras salir de prisión.102 Las restricciones y limitaciones por la pandemia de Covid-19 hicieron que algunos de los entrevistados se sintieran como si estuvieran de nuevo encarcelados, especialmente cuando debían separarse de sus familias. Al mismo tiempo, señalaron que la resiliencia adquirida durante su estancia en prisión les facilitó la adaptación.103 Algunos de los que fueron puestos en libertad durante la pandemia incluso consideraron que la lentitud de la vida durante los confinamientos por Covid-19 facilitó su aclimatación y adaptación a la vida en el exterior. Aproximadamente uno de cada cuatro encuestados afirmó que las restricciones de Covid-19 afectaron a su capacidad para participar en la comunidad.

Otros pasaron apuros económicos. James H. pasó 31 años en prisión y ahora trabaja como cajero en Home Depot. Mencionó: “Mi estado financiero es pésimo. Hago lo que puedo... He tenido que ayudar a mi hijo, que está en Texas”. Continuó: “Está criando a sus tres hijos, así que hago lo que puedo. Solo tenía dos meses cuando me detuvieron, así que siento que se lo debo todo. Pero en realidad no tengo nada que dar”. A pesar de sus dificultades económicas, ha encontrado alegría y gratitud en conectar con la gente:

En el pasado, veía a la gente como mi próxima víctima, y ahora los veo como seres humanos... ese es uno de mis mayores regalos, alegrías y bendiciones hoy en día: poder hablar con la gente. Me encanta saludarles, me encanta hacerles preguntas cuando entran y compran. La alegría que eso me produce. A veces les hace sentir tan bien como a mí, y estoy muy agradecido por ello.104

Las ocho personas que viven fuera de Estados Unidos fueron deportadas al cumplir su condena y describieron las dificultades y el daño emocional asociados a su deportación. Mientras que algunos se sintieron abandonados o perdidos en un país en el que no habían vivido desde su infancia, otros comentaron las luchas asociadas a la represión política y la pobreza. En palabras de Gabby S.: “Estoy en un país que es nuevo para mí; la última vez que viví en México fue cuando tenía dos años, y ahora tengo 48”.105

A pesar de algunas de las dificultades, muchos de los que fueron deportados dijeron que habían encontrado formas de devolver algo a sus comunidades mientras se adaptaban a su nuevo país. Roman R. aseguró que “en cuanto salí de la cárcel y fui deportado, intenté mantenerme ocupado, para no deprimirme”. Buscó trabajo y actividades de voluntariado que tuvieran sentido y dijo que ahora trabaja como cuidador, obrero de la construcción y artista. Cuida de su madre, que tiene Alzheimer y diabetes, cuida de niños pequeños de la comunidad y dirige estudios bíblicos. “Intento enmendarme”, afirma Roman. “Pero también simplemente ayudar y hacer de mi comunidad un lugar mejor y más seguro”.106

Para la mayoría, su paso por la cárcel parece haber forjado una resistencia inquebrantable. “Muchos de nosotros no estamos preparados para la vida fuera”, dijo Sara K. “Aprendes sobre la marcha basándote en las herramientas y el conjunto de habilidades [que construyes]. Tenemos habilidades de superhéroes porque sabemos cómo trabajar en entornos concentrados y opresivos”.107

Gabby S.

Gabby S. poses for a portrait on a beach

Gabby tenía solo dos años cuando la trajeron a Estados Unidos. Se convirtió en residente legal permanente y creció disfrutando de su infancia. Siempre fue buena en el colegio, sus padres la llevaban a Disneylandia todos los veranos y le encantaba jugar al aire libre con sus dos hermanas. “Teníamos un jardín enorme y nos inventábamos juegos y nos pasábamos horas allí las tres solas”.

De adulta, mantuvo una relación con un hombre maltratador y vivió atemorizada, sufriendo años de violencia doméstica. Gabby fue la conductora en varios robos cometidos por su novio, y en uno de ellos él mató a la víctima.108 Aunque no tenía intención de matar a nadie, fue condenada en virtud de leyes que la hacían responsable de las acciones de su novio y fue condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. En aquel momento tenía 25 años.

Mientras estuvo en prisión, Gabby obtuvo dos títulos, tomó más de 1.000 horas de clases de rehabilitación y trabajó como empleada de oficina durante 12 años.109 En 2018, el gobernador de California, Jerry Brown, conmutó su condena a 20 años a cadena perpetua. Salió en libertad condicional el 29 de marzo de 2021, tras cumplir más de 22 años en prisión. Ese día, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) detuvo a Gabby y la trasladó a un centro de detención en Colorado, donde permaneció tres meses antes de ser deportada a México.

En México, Gabby no tenía dónde vivir. El ICE la dejó sin apoyo en Nogales, una ciudad fronteriza a 15 horas en coche del lugar donde podía alojarse con el hermano de un amigo. Dijo que le habían ofrecido dos trabajos, pero que no había podido empezar ninguno porque no pudo conseguir documentos de identidad mexicanos. Tampoco le dejaron ver a su madre, que es mayor y no puede salir del sur de California.

“La última vez que viví en México tenía dos años”, explica. “Sabía que existía la posibilidad de que me deportaran, pero la gente me decía que era poco probable. Incluso después de mi audiencia, la gente dijo que podría no suceder ... Yo estaba en una especie de negación, diciéndome a mí misma, no van a venir... Voy a volver a casa, a estar con mi familia. Me llevaron a Colorado y estuve en un centro de detención durante tres meses, intentando impugnar la deportación, pero me di por vencida. Renuncié a impugnar mi deportación. Le dije a mi abogado que lo olvidara, que solo quería salir”.


Frente a las dificultades, la mayoría de las personas encuestadas expresaron un profundo sentimiento de remordimiento y un fuerte deseo de reparar el daño que habían causado como principal fuerza motriz. “Tengo que devolver algo a mi comunidad”, dijo Brandi T. “No puedo deshacer el camino andado. Solo quiero poder devolver algo a una comunidad a la que le quité tanto”.110 Leif expresó un sentimiento similar: “Casi sientes una sensación de obligación, como si te preguntaras ¿cómo podrías no hacerlo?”, explicó. “Es casi como si se lo debiéramos a nuestras víctimas”.111

Recomendaciones

A los legisladores de California

  • Aprobar legislación proactiva y retroactiva que ponga fin al uso de la cadena perpetua sin libertad condicional en California.
  • Hasta que se elimine la cadena perpetua sin libertad condicional, aprobar legislación que limite las circunstancias en las que se puede utilizar la sentencia o que proporcione opciones de segunda oportunidad, como hacer que las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional que tenían 25 años o menos en el momento de cometer el delito puedan optar a audiencias de libertad condicional para delincuentes juveniles.

Al gobernador de California

  • Reivindicar y, cuando se apruebe, firmar una legislación estatal que elimine por completo la cadena perpetua sin libertad condicional.
  • Hasta que se elimine la cadena perpetua sin libertad condicional, reivindicar y firmar leyes que limiten las circunstancias en las que pueda aplicarse esta condena o que ofrezcan opciones de segunda oportunidad.
  • En cuanto a las conmutaciones, hasta que se elimine la cadena perpetua sin libertad condicional:
  • Llevar a cabo una búsqueda afirmativa de personas elegibles para conmutaciones y conmutar más sentencias de cadena perpetua sin libertad condicional por sentencias que hagan a las personas elegibles para la libertad condicional, incluyendo, cuando proceda, la libertad condicional para delincuentes juveniles.
  • Dar instrucciones a la Junta de Audiencias de Libertad Condicional para que promulgue reglamentos que establezcan una revisión objetiva y significativa de todas las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional para posibles conmutaciones de la pena y/o remisión al tribunal sentenciador para la revocación de la sentencia y nueva sentencia bajo la sección 1172.1 del Código Penal.

Al Departamento de Correcciones y Rehabilitación y a la Junta de Audiencias de Libertad Condicional de California

  • Promulgar reglamentos que establezcan una revisión objetiva y significativa de todas las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional para la posible conmutación de la pena y/o la remisión al tribunal sentenciador para la revocación de la condena y la nueva sentencia en virtud del artículo 1172.1 del Código Penal.
  • Garantizar que las personas condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional tengan acceso a educación, formación profesional, servicios de salud que tengan en cuenta los traumas y otras oportunidades significativas de rehabilitación y preparación para su reinserción en la sociedad.

Agradecimientos

Este informe es el resultado de la colaboración entre Human Rights Watch y estudiantes de posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Stanford y becarios Knight-Hennessy. Amanda Leavell, investigadora y defensora de la División de Derechos del Niño de Human Rights Watch, llevó a cabo la investigación y redactó el informe con la ayuda de Elizabeth Calvin, defensora sénior de la División de Derechos del Niño, y Brian Root, analista cuantitativo sénior de Human Rights Watch, que realizó el análisis de datos y creó los gráficos del informe.

Las entrevistas para este informe fueron realizadas por otros miembros del personal de Human Rights Watch en la División de Derechos del Niño -Billy Hoffmann, coordinador, y Abraham Preciado, ex supervisor de LWOP- y el personal de la Universidad de Stanford y los estudiantes de posgrado Cyrus Buckman, Joy Chen, Kate Cressey, Amy DiPierro, Imee Dubose, Maira Hayat, Megan Koilparampil, Yiran Liu, Leanna Lupin, Richard McGrail, Madeleine Morlino, Bridget Morrison, Briana Mullen, Pamela Ng, Alain Pineda, Briana Roberson, Ashwyn Sam, Kiara Sánchez, Will Smith, Robert Vogt, Katie Walter, Callie Ward y David Zuckerman.

Los miembros del Consejo Nacional de Liderazgo de LWOP Joseph Bell y Danny Jones desempeñaron un papel fundamental en la preparación y formación de todos los afiliados de Stanford que participaron en el proceso de entrevistas.

Este informe fue editado por Zama Neff, directora ejecutiva de la División de Derechos del Niño. Maria McFarland Sánchez-Moreno, subdirectora en funciones del programa, se encargó de la revisión del programa. Michael García Bochenek, asesor jurídico sénior, realizó la revisión jurídica y política. La revisión especializada corrió a cargo de Laura Pitter, subdirectora del Programa de EE.UU.; Annerieke Smaak Daniel, investigadora de la División de Derechos de la Mujer; Bill Frelick, director de la División de Derechos de los Refugiados y Migrantes; Samer Muscati, director asociado de la División de Derechos de las Personas con Discapacidad; y Bridget Sleap, investigadora principal de la División de Derechos de las Personas Mayores. Billy Hoffmann, coordinador de la División de Derechos del Niño, y Katherine La Puente, coordinadora de la División de Derechos del Niño, prestaron asistencia adicional en la redacción y producción, y Sutina Green, gerente del proyecto LWOP, prestó asistencia general y apoyo administrativo en la produccion de este informe. El informe fue traducido al español por Carlota Fluxá y editado por Claudia Núñez.

También queremos dar las gracias a Rebecca Weiker, de The Mend Collaborative; a Michele Scott, Lee Gibson y Dean Jacobs, por sus comentarios y correcciones, y a Patty Williams, por su generoso ofrecimiento para tomar algunas de las fotografías incluidas en el informe.

Y lo que es más importante, estamos profundamente agradecidos a las personas anteriormente condenadas a cadena perpetua sin libertad condicional que compartieron con nosotros sus historias para este informe, así como a quienes siguen enfrentándose a los profundos retos de las condenas a cadena perpetua sin libertad condicional. Su disposición a dar testimonio de las realidades del encarcelamiento de larga duración no solo ha contribuido a una mayor comprensión de esta cuestión, sino que también sirve como un poderoso recordatorio del costo humano de nuestro sistema jurídico penal.